La Nueva Moralidad – Cambio Espiritual
Los Bahá’ís viven en el mundo viejo que está en su proceso actual de desintegración de una civilización en decadencia. Nos encontramos rodeados “…por las manifestaciones siniestras de agudos conflictos políticos, de animosidades raciales, de antagonismos de clase, de inmortalidad y de irreligión, que proclaman, en términos bastante claros, la corrupción y lo anticuado de las instituciones de un Orden en bancarrota”.
Estamos llamados por Bahá’u’lláh a vivir la vida Bahá’í y ser distintos de los demás. El nos pide un cambio espiritual “…una distinción espiritual; a saber, debéis llegar a ser eminentes y distinguidos en lo moral”.
También El quiere cubrirnos (a cada uno) “…con el manto de un carácter santificado y adornarlo con el ornamento de acciones buenas y santas”. “Sed puros, o pueblo de Dios, sed puros; sed rectos, sed rectos”. “Quienquiera se levante a ayudar Nuestra Causa en este Día, y llame a su ayuda las huestes de un carácter loable y una conducta recta, la influencia que fluye de tal acción, ciertamente será difundida por todo el mundo”.
Además Bahá’u’lláh nos llama a ser un “verdadero servidor de Dios” y por mostrar muchas cualidades espirituales tales como: la justicia, la equidad, la veracidad, la honestidad, la imparcialidad, la confiabilidad, la perseverancia y la integridad. El dice que “los compañeros de Dios son en este Día, la masa que debe levantar los pueblos del mundo”.
Realmente cada creyente tiene un gran desafío, el de luchar contra la corriente de la vida de la sociedad actual. Es una batalla espiritual diaria contra la ambición material propia, la ansiedad material y mental; las contiendas, las discordias y las disensiones; el egoísmo y la codicia; la malevolencia y la envidia; la hipocresía, la ciega imitación, la falsedad, la impostura, la ignorancia y la perversidad; los celos, la ira, la animosidad y el odio entre los hombres; el menosprecio; la murmuración, la maledicencia, las calumnias, el encontrar faltas en los demás; el orgullo y la vanagloria; las vanas imaginaciones y las ociosas fantasías.
‘Abdu’l-Bahá, el perfecto Ejemplo de las Enseñanzas Bahá’ís, nos llamó a olvidarnos de nosotros mismos. El dijo: “La llave para dominarse a sí mismos es olvidarse de í mismo”. Esto se realiza a través del servicio al género humano. ‘Abdu’l-Bahá (el Siervo de la Gloria) declaró:
“Observadme a mí; soy tan débil y, sin embargo, he recibido la fuerza para venir a vosotros; ¡un pobre siervo de Dios a quien se le ha permitido traernos este mensaje!”.
“Este agraviado siervo ha pasado sus días y sus noches promoviendo la Causa y urgiendo a las gentes al servicio. No descansó un solo instante hasta que la fama de la Causa de Dios fue proclamada en el mundo y las Melodías Celestiales del Reino de Abhá despertaron el Este y el Oeste. Los bienamados de Dios deben seguir igual ejemplo. ¡éste es el requisito de servidumbre hacía el Umbral de Bahá!”.
También el Báb (la Puerta), el Precursor y Heraldo de Bahá’u’lláh habló a sus discípulos, las Letras del Viviente, de esta forma: “No toméis en cuenta vuestras limitaciones y debilidad; fijad vuestra mirada en el poder invencible del Señor, vuestro Dios, el Todopoderoso…”. “Os incumbe a cada uno de vosotros manifestar los atributos de Dios, ejemplificar, por vuestras acciones y palabras, los signos de su rectitud, su poder y gloria”.
“Sois la sal de la tierra, pero si la sal pierde su sabor ¿con qué será salada? El grado de vuestro desprendimiento debe ser tal que, en cualquier ciudad en que entréis a proclamar y enseñar la Causa de Dios, en ningún caso debéis esperar ni carne ni recompensa de sus gentes. No, cuando partáis de esa ciudad, debéis sacudir el polvo de vuestros píes. Así como habéis entrado en ella puros y sin mancha, de igual manera debéis partir de esa ciudad. Porque en verdad os digo, el Padre celestial siempre está con vosotros y os cuida.”
Con esta gran inspiración y aliento de Bahá’u’lláh, el Báb y ‘Abdu’l-Bahá nos volveremos hacia algunas de las normas de la vida bahá’í a fin de ver cómo podemos distinguirnos y ser diferentes de los demás en la vida cotidiana con el fin de aplicar la nueva moralidad.
Primero, una cosa es leer las leyes, ordenanzas, mandamientos, exhortaciones, virtudes, atributos y principios de Dios; y otra cosa es comprenderlos y aplicarlos a nuestra vida, especialmente cuando la vasta mayoría de la gente de nuestros pueblos viven de otra manera. A veces inconscientemente nosotros vivimos como ellos ó no hemos cambiado a las Enseñanzas Bahá’ís debido a las costumbres y los patrones de vida en el pueblo. Además se puede encarar el ridículo y el desprecio de sus amigos y la tentación de hacer “lo que todo el mundo hace”.
Esperamos poder continuar en las próximas ediciones de la Carta Noticiosa de presentar unos ejemplos de este contraste entre las prácticas del viejo orden y la nueva moralidad.
(Tomado y adaptado del libro La Nueva Moralidad por Donald R. Witzel)
